Las potestades celestiales. Legión angélica de María

“Regina angelorum! ¡Reina de los ángeles! ¡Qué encanto, qué anticipo del goce celestial pensar así en María, nuestra Madre, rodeada sin cesar de legiones de ángeles!” (Papa Juan XXIII).

“María es la Generalísima de los ejércitos de Dios. Los ángeles constituyen la tropa más gloriosa de Aquella que es terrible como un ejército formado en batalla” (Boudon, Los ángeles).

Desde un principio fueron invocados los ángeles en las oraciones de la Legión, en la siguiente forma:

San Miguel arcángel, ruega por nosotros.

Nuestros santos ángeles custodios, rogad por nosotros.

No cabe duda de que en esto la Legión fue guiada desde arriba, porque no se veían entonces con la claridad de ahora los lazos íntimos que unen a los ángeles con la Legión. Con el transcurso del tiempo se hizo más y más patente la conveniencia de recurrir a los ángeles. Se llegó a ver que los ángeles forman el apoyo logístico celestial en la campaña legionaria: cada socio, activo y auxiliar, tiene a su ángel custodio luchando y asestando golpe tras golpe a su lado. En cierto sentido, esta batalla tiene más importancia para el ángel que para el legionario, pues el ángel percibe con mayor claridad lo que está en juego: la gloria de Dios y el valor del alma inmortal. Así que el interés del ángel es vivísimo, y su ayuda, indefectible. Y todos los demás ángeles están comprometidos en la lucha, particularmente los ángeles custodios de aquellas personas por quienes trabaja la Legión, y le prestan su ayuda.

Es más: todo el ejército angélico se apresura a actuar, ya que nuestra batalla es parte integral de la lucha que desde un principio sostienen los ángeles contra el Maligno y quienes le siguen.

A los ángeles se les señala en la Revelación un puesto eminente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; se les menciona centenares de veces. Son representados como luchando paralelamente con los hombres, y teniendo para con éstos un oficio protector, invisible pero eficaz. Intervienen en circunstancias excepcionales. Frecuentemente surge la frase: Dios envió a su ángel. Todos los nueve coros angélicos ejercen alguna forma de protección sobre los individuos, lugares, ciudades, naciones; sobre la naturaleza; y, algunos, hasta sobre sus ángeles compañeros. Las Escrituras dicen que los mismos reinos paganos tienen sus ángeles custodios (Dan. 4, 10 y 20; 10, 13). Los coros se llaman: ángeles, arcángeles, querubines, serafines, potestades, principados, tronos, virtudes y dominaciones.

En resumen, los ángeles nos ayudan colectiva e individualmente, ejerciendo una función análoga a la de las fuerzas aéreas con relación al ejército de tierra.

Por todo eso se llegó a ver que la invocación angélica en uso no expresaba debidamente este oficio protector universal de los ángeles, y así se resolvió que:

a) se debería mejorar la fórmula;

b) debería vincularse la palabra Legión con los ángeles. Nuestro Señor mismo se la había aplicado, consagrándola: viéndose amenazado de sus enemigos, dijo: “¿Piensas que no puedo acudir a mi Padre? Él pondría ahora mismo a mi lado más de doce legiones de ángeles” (Mt. 26, 53);

c) y se debería incluir el nombre de María en la invocación. Ella es la Reina de los ángeles; es verdaderamente la Comandante de la Legión angélica. Y para nuestra Legión seria una nueva bendición el saludarla con este título, tan profundamente significativo.

Como resultado de un prolongado estudio, en el que tomó parte toda la Legión, el día 19 de agosto de 1962 se adoptó la siguiente invocación:

Todas las potestades del cielo, Legión angélica de María, rogad por nosotros.

La fiesta de esta Legión celestial se celebra el 2 de octubre.

Hay una asociación, llamada de los “Philángeli”, que tiene como vocación y carisma propios propagar el conocimiento de los ángeles y su devoción. Su principal centro es: Philangeli, Hon. General Secretary, Salvatorians, 129 Spencer Road, Harrow Weald, Middlesex HA3 7BJ, England.

“La condición de nuestra Señora como Reina de los ángeles no debe tomarse solamente como un título honorífico. Es una participación de la realeza de Cristo, que tiene dominio absoluto y universal sobre la creación. Los teólogos no han explicado todavía las formas de este correinado de María Reina con Cristo Rey; pero una cosa está clara: que la realeza de nuestra Señora es principio de acción, y sus efectos se extienden hasta los confines del universo, tanto visible como invisible.

Gobierna a los espíritus buenos y domina a los malignos. Gracias a esta realeza se forja una alianza indisoluble entre la sociedad humana y la angélica; por ella la creación entera será conducida a su verdadero destino: la gloria de la Trinidad. Esta realeza es nuestro escudo, porque nuestra Madre y Protectora tiene el poder de mandar a los ángeles que nos socorran. Para María, significa una participación activa con su Hijo en la obra de debilitar y destruir el imperio de Satanás sobre los hombres” (Miguel O’Carroll, C.S.Sp.).

Concilium Legionis Mariæ (2001). XXIV Patronos de la Legión: Las potestades celestiales. Legión angélica de María. En Concilium Legionis Mariæ. Manual Oficial de la Legión de María (pp. 163-166). Bogotá, Colombia: Editorial Kimpress Ltda.